El lienzo de la propuesta de valor para startups y emprendedores

En este post vamos a desarrollar la forma de complementar nuestra propuesta de valor mediante el uso del Modelo Canvas, junto  con el diseño de la proposición de valor, basado en el artículo de Osterwalder.

El objetivo principal que perseguimos al diseñar la propuesta de valor es responder a las necesidades de los clientes y resolver, por tanto, sus problemas, sus necesidades y sus deseos. Desde el punto de vista turístico, múltiples pueden ser las motivaciones que inciten a viajar. Sin pretender ser exhaustivos, vamos a mencionar algunas de ellas:

Motivaciones de recreo: Su principal objeto es el descanso y el entretenimiento y están basadas en la utilización de atractivos naturales:

–          Deportes: centrados en la realización de actividades físicas, que, en ocasiones, conllevan formación. Podemos distinguir dos subgrupos: centrados en deportes convencionales (por ejemplo, los campus de futbol) o en deportes de aventura (Ala delta, puenting, etc.)

–          Aventura: Centrándose en desafíos físicos y psíquicos del viaje, el amor por el riesgo para aquellos amantes de la adrenalina.

–          Sol y playa: El turismo más desarrollado, en el que la motivación principal es el descanso y la relajación, así como el disfrute del agua, la playa y el sol.

–          Rutas: La motivación principal es conocer la naturaleza y la cultura de los destinos. Se puede distinguir, como subtipos, las rutas continentales y los cruceros.

–          Naturaleza o Rural: Persigue el disfrutar de la naturaleza y cultura de las zonas rurales. Tres subtipos podemos distinguir: el turismo rural (que busca el descanso y la relajación, alejándonos del bullicio de la ciudad); el turismo de espacios naturales (que consiste en la visita de parajes protegidos); y el agroturismo ( en la que el turista se involucra en las actividades tradicionales del entorno rural).

Motivaciones Interpersonales: Su principal motivo es el de relacionarse con personas del destino. Podemos distinguir: viajes de visita a familiares o amigos; y los viajes de esparcimiento, en los que la relación viene favorecida por ambientes de ocio o diversión, principalmente nocturna.

Motivaciones de Salud: Basadas en la necesidad física o psíquica de descanso y en la oferta de diferentes tipos de terapias de relajación y belleza.

Motivación de compras: Centrada en la oferta de productos generalmente por un mejor precio o por una más alta calidad.

Motivaciones Culturales: Se basan en el desarrollo de las diferentes manifestaciones y expresiones sociales, desarrolladas durante la historia característica de una cultura. Cómo subgrupos podemos distinguir:

–          Turismo étnico: En el que el turista participa de diferentes elementos culturales. El turismo religioso, el festivo y el gastronómico.

–          Turismo de espectáculos culturales o deportivos.

–          Turismo monumental, centrado en los elementos artísticos culturales del destino.

–          Turismo urbano, que se centra en varios elementos culturales, como pueden ser el artístico, gastronómico, espectáculos, etc.

 Las motivaciones profesionales son las que están directamente relacionadas con los negocios y el trabajo, entre las que se pueden distinguir:

–          Comercial: Centrada en el desarrollo de algún negocio concreto en la zona de destino.

–          Congresos: En los que la motivación es la reunión con profesionales del sector propio.

–          Formativa: Relacionada con cursos programados de desarrollo profesional o idiomático.

–          Incentivos: Derivados de premios por parte de las organizaciones a su trabajadores.

En consonancia con la anterior categorización, deberíamos adecuar al máximo nuestra propuesta de valor al motivo principal del viaje de nuestro segmento cliente objetivo. A continuación veremos cómo:

Debemos, en primera instancia, esbozar un perfil de nuestro cliente, centrándonos en tres aspectos principales que están queriendo conseguir los clientes:

–          Tareas que están tratando de llevar a cabo y completar

–          Problemas que están tratando de resolver

–          Necesidades que tratan de satisfacer

Para delimitar este punto debemos preguntarnos:

¿Qué trabajos de funcionamiento está intentando resolver el cliente? (Por ejemplo, realizar o completar una tarea, resolver un problema de funcionamiento específico, etc.)

¿Qué esfuerzos de posicionamiento está tratando de realizar? (Por ejemplo, mejorar la imagen, ganar poder o status en el mercado, etc.)

¿Qué necesidades básicas trata de satisfacer el cliente y podemos ayudarle a conseguir? (Fisiológicas, seguridad, comunicación, etc.)

Las motivaciones de viaje descritas con anterioridad obtendrán respuestas diferentes y, por tanto, distintos serán los aspectos relevantes de nuestra propuesta de valor. Debemos resaltar, en consecuencia, únicamente aquellos aspectos relevantes según el motivo de viaje del cliente.

Los miedos de los clientes

Aquí trataremos de delimitar las emociones negativas, los costos y situaciones no deseadas, los riesgos que podría experimentar antes, durante y después de adquirir el producto/servicio de nuestra propuesta de valor.

Para delimitar sus miedos nos cuestionaremos:

¿Qué puede encontrar el cliente demasiado costoso? (Coste en tiempo, en dinero, en esfuerzos por su parte, etc.)

¿Qué puede hacer que el cliente se sienta mal? (Que puede frustrarle, molestarle, generarle quebraderos de cabeza, etc.)

¿Cuáles son las propuestas habituales que no cumplen los requerimientos del cliente? (Por falta de características adecuadas, de rendimiento o un inadecuado funcionamiento, etc.)

¿Cuáles son las principales dificultades y desafíos que se encuentran los clientes? (entendiendo, por ejemplo, cómo funcionan los productos/servicios, las dificultades en el uso de los productos/servicios, las resistencias, etc.)

¿Qué problemas de imagen social puede el cliente temer? (Por ejemplo, pérdida de prestigio, poder, confianza, status, etc.)

¿A qué riesgos tiene temor el cliente? (Por ejemplo, financieros, imagen social, técnicos, etc.)

¿Qué mantiene al cliente preocupado? (Por ejemplo, grandes temas de actualidad, inquietudes, preocupaciones, etc.)

¿Qué errores comunes comete el cliente al utilizar el producto/servicio? (Por ejemplo, errores de uso, etc.)

¿Qué barreras impiden al cliente adoptar soluciones? (Por ejemplo, costes iniciales de inversión, curva de aprendizaje, resistencia al cambio, etc.)

Debemos cuantificar la intensidad que estos temores representan para el cliente, si son intensos o ligeros y con qué frecuencia se producen.

Las ganancias de los clientes

En este apartado acotaremos los beneficios esperados por el cliente, aquellos que desea e, inclusive, aquellos que le sorprenderían positivamente. Esto nos llevará a analizar las funcionalidades que el producto/servicio brinda al cliente, las ganancias en el ámbito social, las emociones positivas generadas y el ahorro de costes.

Para ello nos preguntaremos:

¿Qué podríamos aportar para hacer al cliente feliz? (Por ejemplo, en términos de tiempo, dinero, esfuerzo, etc.)

¿Qué podríamos ofrecer que supere sus expectativas? (Por ejemplo, en calidad, en cantidad, en reducción o simplificación, etc.)

¿Qué aspectos de los productos/servicios actuales deleitan al cliente? (Por ejemplo, características, rendimiento, calidad, etc.)

¿Qué podríamos mejorar para hacer el trabajo o la vida del cliente más fácil? (Por ejemplo, una curva de aprendizaje más fácil, más servicios, menos costos de adquisición, etc.)

¿Qué aspectos sociales son relevantes para los clientes? (Por ejemplo, incremento del poder, status, etc.)

¿Qué buscan los clientes? (Por ejemplo, un buen diseño, las garantías, las características específicas, etc.)

¿Con respecto a qué sueñan los clientes? (Por ejemplo, grandes logros, prestigio, etc.)

¿Cómo mide el cliente el éxito o el fracaso? (Por ejemplo, rendimiento, coste, etc.)

¿Qué aumentaría la probabilidad de que adoptara nuestra propuesta como solución? (Por ejemplo, coste más bajo, menores inversiones, menores riesgos, mejor calidad, rendimiento y/o diseño, etc.)

Al igual que con los temores, deberemos cuantificar la importancia de las ganancias, así como la frecuencia en que se producen.

Teniendo en mente el motivo principal del viaje, analizaremos aquellos aspectos que puedan generar miedos o deseos en toda la experiencia, desde el momento de la aproximación al destino, su llegada, su estancia y su partida. La experiencia y las necesidades son diferentes, obviamente, para los diferentes tipos de viajeros y múltiples son las dudas y temores que podemos facilitar en nuestra propuesta de valor. La información, por ejemplo, de horario de visita a elementos culturales del destino,  sobre las zonas de ocio, de compras, las posibilidades de desplazamiento, etc, son elementos de la propuesta de valor que permiten que la experiencia de viaje mejore considerablemente. Creemos que debemos romper con la idea del servicio “limitado” (por el que nos pagan directamente) y facilitar un servicio “amplio”, que permita generar una propuesta diferencial de alto valor añadido. Introducir propuestas que llamen a los sentidos, que generen emociones, que se fijen en la memoria como experiencias inolvidables.

Productos y Servicios

Una vez perfilado el cliente, pasaremos a delimitar la propuesta de valor. Para ello, haremos un listado de todos los productos y servicios que componen nuestra propuesta de valor.

Por otro lado, identificaremos si los productos/servicios que ofrecemos mejoran aspectos funcionales, sociales, emocionales o satisfacen necesidades básicas. Posteriormente, estableceremos un ranking en base a la importancia para el cliente. Veremos cuáles son fundamentales y cuáles triviales.

Tranquilizantes

En esta fase describiremos cómo nuestros productos o servicios evitan los miedos del cliente, cómo eliminamos las emociones negativas, los costos no deseados, las experiencias negativas antes, durante y después de adquirir los productos o servicios.

Debemos preguntarnos si:

–          Producimos  ahorros en términos de tiempo, dinero, esfuerzo, …

–          Hacemos sentir a los clientes mejor, eliminado sus frustraciones, enfados, quebraderos de cabeza, …

–          Aportamos soluciones mediante nuevas funciones, mejoras en el rendimiento, mejor calidad, …

–          Eliminar las dificultades y desafíos a los que se enfrentan los clientes, facilitándoles su trabajo, ayudándolos, eliminando la resistencia, …

–          Terminar con los aspectos socialmente negativos, pérdida de prestigio, poder, confianza, status, …

–          Eliminar los riesgos que los clientes temen: financieros, sociales, técnicos, …

–          Ayudar a los clientes a conciliar el sueño, ayudándoles en las grandes cuestiones, preocupaciones, incertidumbres, …

–          Paliar o erradicar los errores de los clientes en el uso del producto/servicio.

–          Solucionar las barreras del cliente, reducir costes de inversión, curva de aprendizaje más corta, menor resistencia al cambio, …

Debemos clasificar nuestros productos o servicios por su capacidad de eliminar los temores del cliente, así como la frecuencia con que lo hacen.

Generadores de valor

Para finalizar, describiremos los beneficios que crean los productos o servicios. Cómo creamos los beneficios que el cliente espera, sus deseos, cómo le sorprendemos, cómo mejoramos sus funciones, sus aspectos sociales, sus emociones o sus costes.

Para ello nos preguntaremos si:

–          Hacemos feliz al cliente mediante ahorro, en términos temporales, monetarios o de esfuerzo, …

–          Producimos resultados que van más allá de sus expectativas, mejorando la calidad, alguna cualidad, …

–          Copiamos o mejoramos los aspectos de las soluciones en el mercado, con respecto a características específicas, de rendimiento, de calidad, …

–          Hacemos el trabajo del cliente más fácil, con curvas de aprendizaje más rápidas, mejorando la usabilidad, la accesibilidad, incrementando los servicios, …

–          Mejorar los aspectos sociales deseados por el cliente, mejorando su aspecto, aumentando su poder, su status, …

–           Ofrecer algo que los clientes buscan: diseño, garantías, características específicas, …

–           Cumplir con los sueños de los clientes, ayudar a conseguir grandes logros, mejorar la relevancia, …

–           Mejorar los resultados de éxito o disminuir las posibilidades de fracaso, mejorar el rendimiento, la calidad, el diseño, …

–           Facilitar la adopción de la propuesta, mediante un coste más bajo, menor inversión, menor riesgo, mejor calidad, rendimiento, diseño, …

Calificaremos, como anteriormente, los productos y servicios en función de relevancia para su cliente, así como su frecuencia.

En el contexto turístico, deberíamos trabajar por un mayor conocimiento a priori de las motivaciones del viaje del cliente para poder adecuar al máximo nuestra oferta de valor. En la actualidad echamos de menos la generación de “paquetes microsegmentados” para diferentes tipologías, de tal forma que la oferta conjunta de operadores turísticos genere una experiencia de viaje adecuada. Es una lástima -y una pérdida de oportunidades de negocio-, que en la mayoría de las ocasiones los clientes deban navegar en busca de información sobre los destinos, para ir creando un puzle que cubra sus necesidades. Es decir, en la práctica, el turista debe buscar el trasporte, el hotel, los horarios de actividades que desee realizar, forma de llegada a las mismas, … o previamente y por su cuenta, o esperando a llegar a destino para recibir dicha información. Pensamos, por tanto, que las propuestas de valor que ofrezcan la posibilidad de viajes a medida adaptados a la tipología y motivaciones del viajero de una forma fácil tienen muchas más probabilidades de mejorar la experiencia del viaje y, en consecuencia, generar más valor.

La competencia por clientes

La mayoría de las propuestas de valor compiten por un mismo segmento de clientes con otras propuestas. La decisión del cliente estará en función de la propuesta que mejor encaje con sus necesidades. La imagen siguiente es idea de Alan Smith, cofundador de la Generación de Modelos de negocio:

Podemos trasladar las propuestas de valor competidoras a un cuadro estratégico, usando las variables más relevantes: por ejemplo, precio, rendimiento, riesgo, calidad de servicio, etc.

Es, por tanto, aconsejable, cuando no imperioso, identificar las variables relevantes de nuestros público objetivo, así como qué formas tenemos de eliminar su miedos y satisfacer sus deseos en el contexto de “toda la experiencia de viaje”. Para ello, trasladaremos dichas variables fundamentales a un cuadro estratégico para ver qué áreas están quedando desatendidas por nuestra propuesta de valor y las de nuestra competencia. La propuesta de valor es la llave hacia la compra, la satisfacción y la fidelización del cliente. No existen llaves maestras; adecuémonos, por tanto, a sus necesidades.

La propuesta de valor – Poster

Os dejamos un enlace al lienzo de la propuesta de valor que hemos descrito, realizado por BussinessModelGeneration.com

He aquí una versión en borrador del cartel descargable del lienzo propuesta de valor .

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