Experiencia primera: La familia entre almendros, ovejas, el cielo y los molinos de agua

Esta es la primera propuesta que os queremos hacer llegar para ver vuestra opinión desde este blog. Está narrada en primera persona por uno sus posibles clientes. ¿A ver qué os parece?

Soy un padre de familia de esas antiguamente llamadas de la clase media, casado con una encantadora mujer de 40 años y padre de dos maravillosos hijos, un niño y una niña de 8 y 6 años, respectivamente. Trabajo como freelance en el sector informático y mi mujer es maestra de educación primaria. Ambos hemos amado la naturaleza desde siempre y queremos huir, cada vez que el tiempo, las prisas y la economía -ésta hay que mirarla, actualmente, que no está la cosa para bromas- nos lo permite, del bullicio de la gran ciudad.

Hace días que estábamos buscando en Internet y en las redes sociales la posibilidad de escaparnos un fin de semana y encontrar alguna oferta que pudiera resultarnos atractiva a nosotros y a los niños. Ya se sabe, si buscas algo que pueda complacer a toda la familia, tienes que pasar horas delante del ordenador estudiando, dónde quedarte, qué se puede hacer en los alrededores, qué hay para visitar, qué es característico en el lugar, qué y dónde comer, así como dónde alojarse, qué les puede gustar a los niños, etc… Hasta que, por casualidad, me topé con una oferta que me impactó. Todo lo anterior estaba ya resuelto y, además, parecía pensado para alguien con nuestros gustos y, por añadidura, para mis hijos. Sólo me quedaba ver el precio, pero, realmente, haciendo los cálculos de lo que me hubiera costado contratar todo por partes por mi cuenta, entendí que era asequible, cerrado y, además, alguien parecía habernos ahorrado el trabajo. Lo contraté.

Albocasser

Fue un fin de semana que creo que todos recordaremos. Un  fin de semana en familia con una experiencia de viaje, que permitió degustar la naturaleza de la comarca, combinado con agro-turismo. Conocimos algunos de los rincones más emblemáticos de la naturaleza local, así como las principales características de la agricultura y ganadería de la zona.

A la llegada el viernes tarde-noche, huyendo del bullicio de la ciudad, nos alojamos en una de las casas rurales de Turistrat de la localidad de Albocasser. Como detalle de bienvenida, teníamos en el comedor una cesta con almendras garrapiñadas, elaborada con almendras marconas del Maestrat. La cena se nos sirvió mediante catering, con un surtido de productos de temporada también del Maestrat.

El sábado por la mañana, después del desayuno -que el día anterior el servicio de catering nos dejó preparado en la casa rural en la que nos alojábamos-, nos dirigimos a realizar una visita a los campos de almendros de la zona.

Almendros

Para conocer el proceso productivo, los cuidados de los arboles, la época de recogida, su proceso de preparación para la comercialización, etc, realizamos una visita guiada a la descascaradora de almendras de Frutos Secos del Maestrazgo (Frusema). La duración de la visita a los almendros y a la empresa duró aproximada una 1 hora y media. El trato fue cercano y los niños estaban encantados, conociendo cómo las almendras no eran algo que crecía en los supermercados y se dibujaban en los libros de texto, nacían de los arboles, se tocaban, se pelaban y se podían saborear y disfrutar. Estoy seguro de que fueron las más buenas que habíamos comido en nuestra vida.

Terminada la vista agro-turística, nos dirigimos a Rebost de Llobs para proceder a una degustación de aceites, quesos y otros productos típicos de la comarca, cuyas características singulares nos fueron detalladamente explicadas, aprovechando para adquirir varios de los productos autóctonos de calidad, que luego nos llevaríamos a casa y ofreceríamos a nuestros familiares y amigos.

Llegado el medio día, nos encaminamos al Mesón Pele para saborear otra de las utilidades y aplicaciones de la almendra, esta vez unida a la gastronomía. Mi mujer y yo, que somos grandes gourmets, las degustamos complacidos y los niños alucinaban: ¡Si que se puede hacer cosas con las almendras, Papis!

Tras el atracón y después de la intensa mañana, nos dirigimos a descansar. ¿Qué es un fin de semana de tranquilidad, sin una buena siesta?

A las 16:30 horas nos dirigimos rumbo a otro municipio, la Torre d’En Besora, donde los niños volvieron a quedarse boquiabiertos viendo e intentado ordeñar ovejas. Creo sinceramente que algo conseguimos, mientras el dueño de Els Masets, con infinita paciencia y con una mano izquierda para con los niños enternecedora, nos corregía amablemente.

Terminada nuestra odisea como pastores/ganaderos, nos encaminamos hacia otro de los patrimonios naturales de la zona, la Carrasca de Culla.  Quedamos impresionados por el paraje y  por ese árbol monumental de la Comunidad Valenciana. Su enorme tronco, su gran altura y las ramas que nos envolvían en esa circunferencia de verdor, de sabor a naturaleza virgen, de esplendor en su grandiosidad.

Llegó el anochecer y callejeamos por el pueblo de Culla. La antigüedad, lo rural en su recia nobleza, se reflejaba en cada uno de sus rincones. Pudimos contemplar el Peñagolosa mientras anochecía y el fresco de la brisa nos hacía estremecernos -no en vano, Culla se encuentra a más de mil metros de altura. Con los niños correteando, jugando y gastando energías, llegamos hasta el restaurante La Solaneta pera cenar. Nos deleitaron con sus carnes, que saltaron de las brasas a nuestras bocas, pero todavía más con el trato de su dueño, con las explicaciones de las costumbres, de la historia, en definitiva, del sabor real del lugar, de su olor, de sus emociones, contadas por un lugareño.

Lo mejor aún estaba por llegar. Terminada la sobremesa, nos acompañó al Observatorio Astronómico del lugar. Habíamos estado en planetarios, pero, comparado con aquello, eran sólo simulaciones del cielo, que le confiere un potencial didáctico excelente, pero no la posibilidad de observar el cielo real y las maravillas que esconde. El firmamento estaba esplendoroso, sin ninguna contaminación atmosférica o lumínica. Uno se sentía inmensamente pequeñito bajo la inconmensurabilidad del universo, pero también en paz.

Tras la excursión nos fuimos a dormir. Hasta los niños esteban cansados. Tanta excitación había acabado con sus irreductibles fuerzas.

El domingo amaneció y, tras el desayuno, nos dirigimos a realizar una ruta de senderismo: el Cami dels Molins de Ares de Maestrat nos esperaba. Éste es el primero de los conjuntos de la Comunidad Valenciana declarado como Bien de Interés Cultural de carácter etnográfico. Los chiquillos correteaban con las energías cargadas y nosotros disfrutamos de la senda y de las visita a los 5 molinos harineros. Los cinco Molinos utilizaban, en armonía con el entorno, la fuerza del agua para moler. El camino está perfectamente  señalizado y tenía poca dificultad, apto para urbanitas sedentarios como nosotros. Fue una mañana maravillosa.

Comimos en Benassal en el Hotel la Piqueta. De todos los platos, lo que más nos gusto fue el Tombet de conejo Monteño. Nos despedimos tras el café y nos pusimos en ruta de vuelta a casa. Mañana de nuevo al trajín cotidiano. Eso sí, creo que todos recordaremos durante mucho tiempo cada una de las experiencias de este fin de semana y, por ello, lo compartimos con vosotros.

Esto es como lo pensamos con nuestro cariño, para ti y para tus hijos.

¿Crees que te gustaría experimentarlo?

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